Estas manifestaciones responden al llamado Trastorno por Déficit de la atención con o sin hiperactividad. Los niños que se encuadran dentro de dicho trastorno, presentan ciertas características en común: Imposibilidad de prestar atención, Impulsividad, hiperactividad. Este trastorno afecta tanto al rendimiento escolar así como a la vida de relación del niño.
Esta necesidad puede responder a dificultades en la visión o en la audición. Cuando un niño manifiesta esta inquietud, es necesario realizar la consulta con el profesional competente: oftalmólogo u otorrinolaringólogo.
La permanencia en el mismo año escolar, muchas veces es altamente beneficiosa, ya que brinda más tiempo a los niños con un ritmo de aprendizaje más lento.
Generalmente los niños que manifiestan esta conducta, lo hacen en respuesta a:
. Un nivel de exigencias que superan sus posibilidades.
. Fracasos reiterados que afectan su autoestima.
. Desaprobación de su grupo de pertenencia que provocan aislamiento o agresividad.
Posiblemente estemos frente a un niño inmaduro que busca el apoyo de los mayores para realizar exitosamente sus tareas.
Estos niños presentan como características en común: escasa atención, lentitud para procesar la información, baja motivación y baja autoestima, dificultad para concluir sus tareas, falta de perseverancia.
La existencia de conflictos sin resolver en el ámbito del hogar, sean de índole afectivo, económico, laboral, etc. son habitualmente trasladados por el niño al ámbito escolar, sea en forma de “alteraciones en el aprendizaje” o de “trastornos en la conducta”.